Pequeños relatos

Pequeños aportes de la escritora en su blog.

Recordar el olvido

El dolor de recordar tu olvido. La manera en la que marchaste y en la que me quedé yo. Pensé en ti, en mí, en nosotros…

La levedad del pensamiento que se había vuelto denso. La manera en la que tu cara se aparecía en mi mente, a diferencia de la dulzura que segregaba en nuestro mejor momento, ocupaba por completo todo el espacio, anulando cualquier buen estímulo.

Me rompiste.

Y juro que me propongo respirar, pero el recuerdo de tu olvido me lo impide. Me repito cada minuto que debo tomar aire, dar un paso y no mirar hacia atrás. Debo respirar, huir del ahogo constante y deshacerme de esa prisión. ¿Pero cómo podía hacerlo cuando yo misma ponía más barrotes en esa cárcel?

Pensar que no serás el único, al igual que tampoco fuiste el primero y que tampoco serás el último. Pero a cada suma de olvidos también se le añade más dolor y pena. Pena por mí, por ti y por nosotros, por lo que pudimos ser y que nunca más seremos. La destrucción de unos cimientos emocionales que, en cualquier momento y de manera inconsciente, volveré a construir.

Es inevitable. No puedo dejar de pensar en todos los inicios y finales que dejé atrás. Las sonrisas con su dosis obligada de lágrimas. Los besos tiernos y los besos por compromiso, el inicio del olvido. Una pieza más que se añadía a un montón cada vez más grande que consumía lo que se había sentido.

Amar a alguien que, de golpe, ha dejado de hacerlo por ti. Toparte con la realidad de que esa persona ya te ha olvidado, pero tú no. Rememorar el esfuerzo y la entrega hacia alguien que amas y que, de golpe, te hace sentir vulnerable. Por conocer todos tus secretos y defectos. Unos ojos que ya no te ven con el filtro que le pone el corazón, sino con el filtro de la verdad. No ser nadie para quien hice mi universo.

Luchar por volver a conquistar a esa persona, cuando por lo que debo luchar es por olvidar tu recuerdo. Borrar que me olvidaste y que te fuiste.

Estuviste, pero ya no. Ahora a la que le toca olvidar es a mí.

 

 

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Tacones por el asfalto

Tacones pasean por el asfalto nocturno,

lugar frío y taciturno.

Piernas torneadas y de distinta tez,

con las que no hay una sola vez.

Noches de látex y olor a tabaco,

uniformes acrílicos y ceñidos.

De obligados gemidos fingidos

y perfume afrodisiaco.

Acto de placer tortuoso

con billetes como resultado.

El único motivo goloso,

a tal acto espantoso.

Confidente es la noche,

avisando de su presencia.

Poniendo a cada una su broche,

para que algún día sean ausencia.

No muchas salidas les quedan

hasta vestirse con sedas puedan.

Deshonrarse hasta el amanecer,

hasta que un día no necesiten volver.