Yo también hago Surf, pero a mi manera

Y no dejo de ver como en nuestro día a día nos complicamos la vida. Le damos muchas vueltas a los mismos temas y a todo le sacamos punta. Debemos aprender a que toda esa farfulla se quede en su sitio, en la entrada de nuestro hogar, y procurar que no entre nunca. 

No se trata de hacer como si los problemas no existieran, ni ser un pasota, pero sí se deben plantear los imprevistos como si ellos fueran un océano y nosotros estuviéramos surfeando en una tabla que, a medida que somos más conscientes de lo que es real, está en mejor estado.

Siempre que me encuentro un conflicto, sea cual sea, lo primero que pienso es que cada individuo tiene sus propios intereses, y como es lógico, pensará en ellos y en su propio beneficio, pero eso no lo convierte en un egoísta, egocéntrico y mala persona como muchas veces solemos pensar. Todos pensamos así, nos movemos por puro interés, TODOS.

Con esto no quiero decir que no existan aquellas personas tóxicas a las que les gusta hacer daño por que sí, yo a eso no lo califico como humano, así que no entra en esta categoría. Yo me refiero a esas situaciones personales en las que sientes que alguien puede haberte defraudado o traicionado. Y yo digo que primero pienses en el motivo, sin calentarte tanto la cabeza.

Pregúntate:

¿Qué le ha llevado a esa persona mover ficha de tal manera?

Tal vez yo sea una hippie sin remedio, pero creo que, por lo general, no queremos hacer daño a nadie, pero en ocasiones es inevitable y, aunque duela, necesario.

Pero volvamos a nuestra tabla de surf. Os contaré mi experiencia sobre ella un poquito:

Yo no nací con una tabla. Me la tuve que fabricar. Primero fue una simple tabla de madera que apenas me ayudaba a soportar el oleaje, hasta que llegó una gran tormenta y, con ella, más olas. Se me rompió lo poco que me mantenía a flote y me perdí en el fondo. Hasta que recordé lo bien que se estaba en la superficie y que yo podía hacerlo, si había conseguido estar allí una vez, podía volver a estarlo. Entonces mi cabeza lo vio claro.

Sonó un… ¡CLACK! En mi cerebro que me llevó a esta filosofía que os intento explicar.

Y no, no lo comprendí en horas, ni en días ni en meses, si no tras estar mucho tiempo dándole vueltas a la cabeza, hasta que todo encajó. No es una tarea sencilla, pero que me ha llevado a tener una vida muy feliz, un autoestima que perdí no hace mucho para recuperarla con más fuerza que nunca. Claro que las cosas nos afectan, y que los actos de la gente que nos rodea puede hacernos daño, pero lo importante es comprender el motivo o, simplemente, tener claro quiénes somos y qué hemos hecho.

No creo en el Karma, ni en lo de «a cada cerdo le llega su San Martín», creo en el trabajo, en el esfuerzo, en la motivación y en las ganas de querer más, y todo por mérito propio, sin tener que lastimar a nadie e intentar que esas pequeñas disputas no nos distraigan de lo que realmente es importante. Así que por eso creo que no debemos darle más importancia de la que tiene, solo nos pondrá más lejos lo que realmente anhelamos.

Y, para acabar, te animo a que fabriques tu propia tabla de surf y bailes con las olas. Solo de esa manera llegarás a la orilla y, desde allí, podrás ver de todo lo que eres capaz.

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