Elisabeth ms

Guardianes del bosque

Hoy os traigo un relato que escribí hace un par de meses. Me he aventurado a escribir algo de fantasía, algo que llevaba deseando escribir y expresar mi amor por la naturaleza.

Desde que la Tierra formó vida y nació la Madre Naturaleza, ésta nos creó para que protegiéramos su obra. Salvaguardáramos su creación y su orden, sin alteraciones.

Somos los Tuítas, unos diminutos seres multiforma. Podemos adoptar, a ojos de cualquier individuo, la forma que nosotros proyectemos en nuestra mente. Un mecanismo de defensa para proteger nuestra cultura y pequeña sociedad. Vivimos en poblados repartidos por todos los bosques del planeta Tierra, encargados de defender, a cualquier precio, el arduo trabajo de nuestra creadora.

Un día al año recibimos su visita, lo que nosotros conocemos como el Tuitatiuka: un día en el que celebramos por todo lo alto nuestra labor y recibimos el agradecimiento de nuestra tan querida Madre. Una fecha en la que, pese a las complicaciones que se viven año a año para proteger nuestro hábitat, vivimos por todo lo alto: banquetes provenientes de la tierra, cantos populares, bailes desenfrenados y muestras de cariño.

Pero este año es diferente, al menos para mí.

He dejado atrás el cuerpo infante para evolucionar al cuerpo adulto. Una gran responsabilidad, al fin podré realizar la tarea por la que fuimos concebidos en su totalidad. Los antiguos —los seres más viejos de nuestra sociedad— cantan versos sobre nuestro origen, y una de ellas dice así:

“Madre Naturaleza y Sol se enamoraron,

con sus manos un mundo crearon

y, con su amor, una especie engendraron.

Concebidos por un amor intenso

para proteger un mundo indefenso.”

El amor es la base de nuestra filosofía. Los antiguos nos enseñan a querer nuestro hogar: el Bosque. Apreciar cada brote de hierba, cada grano de tierra y cada gota de agua que nos ayuda a seguir viviendo.

—¡Druit! —me llama mi compañero Yurit—. ¡Ven a bailar!

Por un instante deseo unirme a ellos y entregarme a nuestras danzas, pero un presentimiento se instala en mi interior, avisándome en forma de convulsión térmica en mi pecho, que algo irregular está sucediendo a pocos metros de nuestra comunidad. He de ir a investigar.

Le contesto a Yurit que voy a tomar un poco el aire para recargar energía y bailar con más intensidad.

Durante el camino voy transformándome en otros seres: en lobo, para ir corriendo hasta el lugar donde se encuentra esa irregularidad, después en búho, para sobrevolar sin hacer mucho ruido y, por último, en ratón para no ser vista.

Lo que veo me trastorna. Una cálida espiral, diferente a la que había experimentado minutos antes, vuelve a invadirme. Un mortal, u hombre como se les suele llamar en la civilización, yace malherido en un manto de hojas caducas inconsciente. Sus ojos están cerrados y noto sus pulsaciones muy pausadas, está en peligro.

Medito de dentro hacia fuera cambiando mi aspecto al de una humana. Intento que sea un rostro agradable para que el hombre no reaccione de manera negativa y me deje ayudarle, nunca se sabe cómo pueden actuar, son seres impredecibles. Me convierto en una mujer de cabellera larga y oscura, tez blanca y facciones redondeadas, lo más angelical posible.

Al ir acercándome noto como su vida se va escapando y me encuentro con la necesidad de salvarle cuanto antes. Me agacho a su lado, buscando la herida que lo está arrastrando a la muerte y poso mis manos, que ahora son humanas, sobre ella. El calor que se había generado en mi interior sale por las palmas sanando al humano, que seguía tumbado e inconsciente. Esa energía iba sellando su herida en el vientre, dejando una cicatriz oscura y cerrada. Una marca que quedaría de por vida en su piel pero que le salvaría de la muerte.

Me quedé observándole un rato y, mientras lo hacía, volví a experimentar la señal calorífica que nos alertaba de alguna irregularidad, pero era una sensación nueva. Esta vez me gustaba la calidez y lo que me hacía sentir.

Era un ser hermoso para ser un hombre: facciones toscas y marcadas acompañadas de una frondosa barba del color de la tierra. No podía dejar de mirarlo, como si de un embrujo se tratara, que empeoró en cuanto abrió sus ojos: un color roble y con unos destellos verdes que me recordaban a mi hogar: la naturaleza.

Pestañeó unas cuantas veces antes de articular palabra y llevó sus manos a la herida que yo había cicatrizado.

—¿Dónde estoy?… —pronunció en su lengua—. ¿De dónde has salido tú? ¿Estoy muerto?

—No —contesté—. Tenías una herida en el vientre y te la he curado.

—Debo de estar soñando o muerto, eres un ángel… —susurró mientras intentaba reincorporarse.

Con mis brazos de humana al descubierto le ayudé a sentarse. Se agarró a mí y me los apretó, como si no se creyera su situación.

—Eres… lo más… hermoso… que he visto… en mi vida —balbuceó—. ¿Estoy… ?

—Sí. Estás vivo, y deberías volver a casa.

—¿Y tú? ¿Cómo me has curado? Toda mi ropa está llena de sangre y tú no tienes ni las manos manchadas, ¿qué ha pasado?

—Supongo que caíste por el barranco y durante el descenso una rama se te clavó en el vientre, mis sentidos se han agudizado y te he salvado.

—Pero… ¿cómo lo has hecho? ¿Magia? —Se levantó los ropajes y empezó a tocarse el vientre, justo donde antes había una profunda herida que ahora solo era una mancha negra—. ¿Se trata de brujería? —Me miró fijamente y vi el terror en esos ojos que tanto me recordaban a mi hogar—. ¿Qué eres? ¿Un hada o algo parecido? Debo de estar alucinando…

—Soy un guardián del bosque —confesé. Me daba miedo decirle la verdad, pero desde el primer momento que le vi me sentí como en casa—. Mi cometido en la vida es proteger los bosques e intentar conservarlos de los peligros a los que, año tras año, se ve amenazado.

—Me estás tomando el pelo…

Me levanté, dispuesta a irme por su incredulidad. Mi tiempo allí había terminado y debía volver con los míos, pero él se alzó con rapidez para agarrarme del brazo y detenerme. Lo que sucedió en ese instante me sorprendió.

Mi pecho se iluminó, cegándonos a ambos y llevándonos a unir nuestros brazos para no perdernos en la luz. Durante los segundos que estuvimos abrazados esa sensación calorífica se intensificó. Notaba sus latidos, esta vez iban a un ritmo acelerado. La forma de su cuerpo sería imposible de olvidar en mi memoria. Fue ahí cuando tuve claro que sentía por él lo mismo que por la naturaleza: Amor. Y la luz fue cesando poco a poco, dejándonos a los dos unidos en un abrazo y mirándonos a los ojos.

Él bajó la mirada hacia mi boca y, muy despacio, posó sus labios en los míos. Sentí mi alma latir y derretirse con aquel maravilloso gesto. Pero debía terminar con aquello cuanto antes, aquello no estaba bien, así que salí corriendo. Huí.

Ni me acordé de volver a mi forma real, solo corrí hacia la comunidad entre lágrimas, confundida y alterada. Pero una rama me hizo tropezar cayendo de morros contra la hierba.

—Druit…

Al oír mi nombre levanté la cabeza y observé como la Madre Naturaleza estaba enfrente de mí. Ella era conocedora de todos los sucesos que pasaron, pasaban y estaban por pasar. Era la única que podía aclarar mi camino y mis ideas.

—Madre, ¿qué he hecho? ¿Qué es lo que ha pasado?

—Pequeña Druit, ya eres un Tuíta adulto, y tu cometido en la comunidad ya se ha definido. Amas la tierra por encima de todo, pero también acabas de conocer el amor como pocos lo haréis. Solo unos pocos elegidos tendrán la oportunidad de experimentar lo que te voy a versar a continuación:

“Conocerás el dolor,

pero también el amor.

Elegida para vivir otra vida

para mantener la naturaleza unida.

Despojada de los poderes

de tus antiguos seres,

que solo te harán más fuerte

para que la humanidad despierte”

 —Es mucha responsabilidad, no sé si seré capaz de hacerlo, Madre Naturaleza.

—Si la tierra te ha escogido a ti es porque eres capaz, pero es tu decisión. Debes saber que la misiva que se te plantea es la de evitar que el humano siga arrasando, quemando y despojando nuestra amada tierra. Una filosofía que se ha convertido en una lucha que debe terminar con el amor, y tú has experimentado dos formas de amar.

Justo en ese momento la llamada del hombre que había salvado minutos antes nos alarmó que se aproximaba. Madre me obligó a tomar una decisión, debía hacerlo antes de que nos alcanzara.

—Debemos proteger a la tierra desde otros frentes, y tú ya tienes un vínculo con ese ser humano. Un vínculo imborrable que siempre estará en tu corazón y recuerdo.

Tomé una decisión.

14

Aquella preciosa chica salió corriendo de entre mis brazos. Y su mirada celeste me dejó trastocado. En verdad toda ella me dejó cautivado. Era la chica más hermosa que había visto en mi vida y lo que sentí con ese beso fue una señal. Ella era la mujer que necesitaba en mi vida, mi salvadora.

Intenté ir tras ella siguiendo su rastro. Voceé un «hola», «chica», «estás ahí» pero no obtuve ninguna respuesta, y más me valía mirar bien donde ponía los pies para que no me volviera a ocurrir lo mismo, aunque… ¡No! No iba a volver a ponerme en peligro para llamar su atención, cabía la posibilidad de que esta vez no se presentara y muriera.

Seguí las señales que había en el suelo, pero cada vez eran más difusas hasta que perdí la ruta por completo. Estaba perdido, con una marca extraña en el abdomen y enamorado de un hada del bosque. Si lo iba contando por ahí me encerrarían seguro, pero lo que había vivido era real, sin duda.

Desistí. Caí de rodillas al suelo e intenté coger aire. Era increíble como en cuestión de minutos podía enloquecer. Veía su rostro en mi memoria, y supe que nunca más lo olvidaría, para mi desgracia.

Entre lamentaciones vi unos pies descalzos delante de mí y, subiendo la mirada por ese vestido blanco angelical me topé con su rostro. Me levanté y me puse a su altura. Ella, con mucha calma, me cogió de las manos y supe, solo con el contacto de nuestra piel, que era de mi mundo, que era real.

—Me llamo Bruno y… me he enamorado de ti.

—Yo soy Druit, y también me he enamorado.

Dos almas que estaban predestinadas a estar juntas, con una misma misión. El amor les unió para proteger lo que más importaba en el mundo: la naturaleza.

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