Elisabeth ms

Relato: Cadenas de amor (Segunda parte)

Segunda parte del relato Cadenas de amor.


Celos, control y más inseguridad:

Tristán y Júlia se fueron a vivir juntos después de dos años de amor intenso y pasional. Ambos poseían un carácter fuerte que les hacía discutir a menudo y reconciliarse con más fiereza. Cada reconciliación la vivían con más intensidad, creando una rutina entre ellos. Un juego que se les fue de las manos.

Júlia era una chica muy atractiva que captaba la atención masculina e incluso femenina. Era una belleza mediterránea de los pies a la cabeza y, con su dulce carácter, dejaba huella en cualquier persona.

Tristán estaba loco por ella, era la mujer de su vida. Pero su locura de amor fue mutando en celos y control. El domino y el recelo que él ejercía sobre ella les condujo al caos. Júlia no era tonta y era consciente de lo mucho que le molestaba a Tristán que los hombres se acercaran a ella para ligar, pero Júlia no podía controlar algo así y una noche terminó el juego tan tóxico que había infectado su relación.

Se encontraban en un bar tomando unas cañas con amigos. Júlia, después de dos cervezas, vio la necesidad de ir al baño, con la mala pata de que al salir tropezó con un atractivo chico que la salvó de besar el suelo. Tristán no les quitaba ojo de encima y, al ver que él no soltaba a su chica, fue directo hacia ellos de un paso.

—¡Eh! ¿Vas a sujetarla mucho rato más? —amonestó nervioso.

—Tristán, solo me ha salvado de un tropiezo, tranquilo.

El chico soltó a Júlia y volvió la cabeza para mirarla.

—Me alegro de que nos hayamos visto, hacía tiempo que no sabía de ti. Algún día podríamos quedar para tomar una cerveza.

—Por supuesto —le contestó ella con una amplia sonrisa.

El chico se despidió de ella con dos besos y Tristán echaba humo.

Agarró a Júlia del brazo con fuerza, arrastrándola hasta el exterior del bar para empezar una nueva discusión.

—¡¿Qué cojones ha sido eso?! —preguntó enfadado.

—¿Ya estás otra vez? No soporto tus malditos celos, Tristán. ¡Estoy harta!

—¡Yo sí que estoy harto! ¡Te encanta seguir el rollo a cualquier tío que se queda prendado de ti, sin pensar siquiera en lo mucho que me molesta!

—¿Qué estás diciendo? ¡Estás enfermo! ¿En qué momento se te ocurre pensar algo así de mí?

—Joder, Júlia… te pavoneas por todos los sitios, buscando la aprobación y atención de cualquiera cuando solo necesitas la mía. ¡Deja de hacerlo!

—¡¿El qué?! ¡Si yo no hago nada, Tristán! Está todo en tu maldita cabeza, y no lo soporto más, los celos están matando nuestra relación.

—¡Es que me das motivos para ser celoso! Acabas de decirle a un tío delante de mí que vas a quedar con él para tomar una cerveza. Para colmo es un tío de esos que deben ir al gimnasio día sí y día también, esos que solo se fijan en ti como algo sexual, Júlia. No puedes negarme lo que he visto con mis propios ojos.

—Hemos caído tan bajo, Tristán… ¿En qué momento te he dado motivos para que seas tan celoso? Nunca te engañaría, te quiero demasiado como para hacer algo así, pero se nos está yendo de las manos, mi amor. Ya no te sirve mi palabra, ni mis promesas. No podemos estar así cada vez que salimos, es una tortura.

—Más lo es para mí ver cómo todos los tíos babean cuando pasas a su lado, soltando obscenidades por sus sucias bocas. ¡Me repugna, joder! ¡No soporto como intenten ligar contigo y que tú les respondas con una sonrisa de oreja a oreja!

—¿Y qué es lo qué quieres? ¿Que les suelte una hostia? No voy a llegar a algo así porque mi novio sea un loco celoso y posesivo.

—¿Ahora soy un loco posesivo? Lo que me faltaba… ¿Entonces han sido imaginaciones mías lo que acabo de presenciar? ¿Está todo en mi cabeza que un tío te acaba de proponer una cerveza?

—No, eso es cierto, pero si los celos no te hubieran cegado te habrías dado cuenta de que era un antiguo compañero de trabajo.

—¿Crees que eso me tranquiliza?

—Estás loco… Era Damián.

Damián era un antiguo compañero de trabajo, eso era cierto, pero era homosexual. Entonces, en la cabeza de Tristán, algo hizo «¡clac!».

Su chica tenía razón, los celos lo tenían abducido y estaban provocando que perdiera a la mujer que más quería, aunque para Júlia ya era tarde. Muy tarde. Las reiteradas disputas que solían mantener por culpa de los celos de él habían llevado a Júlia al punto de no retorno.

—No pienso aguantar esta locura, Tristán. Se acabó.

—Júlia, no puedes hacerme esto.

Ella entró en el bar a por sus cosas y, sin decir nada a nadie, se fue de allí con un hombre que la perseguía entre lágrimas y arrepentimiento, haciendo de tripas corazón para no volverse y volver a permitirle ese dominio al hombre que tanto quería.

La confianza es imprescindible entre dos personas que se aman. Sin ella no tiene sentido continuar caminando por el camino de la vida. Es muy doloroso sentir la sospecha de nuestra pareja; la frustración y la impotencia te invade.

Los celos son una venda que ciega e impide ver más allá. Un sentimiento dañino que, en ocasiones puede ser fundado y, en otras, no tener ningún sentido y provocar la separación de dos personas que se quieren.

Dos historias que golpean duramente y remarcan la parte tóxica de las relaciones. Porque el amor tiene dos caras: la más dulce, que te otorga momentos deliciosos que te transportan a momentos inolvidables y la parte más amarga, la que puede conducirte a una bifurcación en el que tienes que decidir un nuevo camino.

Para amar a alguien es imprescindible quererse primero a uno mismo.

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