Elisabeth ms

Relato: Cadenas de amor (Primera parte)

Primera parte del relato Cadenas de Amor

Esta vez es uno de los temas que más suelo tratar a la hora de leer y escribir, el amor. Siempre que pienso en este sentimiento me acuerdo de la Luna, ya que ambas poseen dos caras, me explico: cuando leemos libros románticos la cara que siempre prevalece es la dulce y agradable, pasando por una pequeña aparición de esa parte tóxica y tan complicada que se nos olvida pocas hojas después.

El amor es imprescindible a la par que complicado, pero es maravilloso.


En repetidas ocasiones creemos que el amor es aferrar a quién más amamos a nuestro lado, anhelar su continua compañía y acaparar toda su atención hasta anular la sociedad que le rodea de manera inconsciente.

Vivir por y para nuestra pareja; a la persona que le bajaríamos la luna y el universo entero si hiciera falta, un acto en el que también erramos. Esa persona no quiere que la obsequies con la luna o el universo, ni mucho menos; lo único que quiere es compartir su vida con la persona que ama y verla sonreír todos los días, sentir que la hace feliz y que mantiene una relación sana.

            Posesividad, miedo e inseguridad:

Valeria y Marcos eran una pareja como cualquier otra. Llevaban tres años de relación y se querían con locura desde el primer día.

El primer año ambos intentaban sacar tiempo para estar juntos, cancelaban compromisos por encontrarse a escondidas en cualquier lugar y hacían las mil y una para permanecer más tiempo el uno al lado del otro, pero al llegar al segundo aniversario Marcos se fue ahogando en la relación.

Valeria reclamaba el tiempo y atención de Marcos en exclusividad, privando a la persona que más amaba de reunirse con amigos y tomar una cerveza con sus compañeros de trabajo, incluso se enfadaba con él por hacer horas extra. Una situación que arrastró a Marcos a la amargura y a la confusión. Al cumplir el tercer año de relación no dejaba de plantearse si debía continuar con ella; no podía seguir mirándose al espejo y ver a alguien encadenado y atado a la persona que más quería, pero cuando lo pensaba, se decía para sí mismo que la amaba por encima de todo y era el motivo de su paciencia. La quería muchísimo, y no quería perderla.

Una de las muchas tardes en las que solo quedaban para contemplar alguna película aburrida en la televisión, sin mantener conversación alguna y sin soltarse de la mano ni para ir al baño siquiera, Marcos se quedó sin reservas de paciencia y estalló. El desencadenante fue una cena de antiguos compañeros de facultad.

—¿Y piensas ir? No te entiendo, Marcos —opinaba Valeria indignada—. Lleváis años sin veros, ¿por qué ahora?

—Hace cinco años que acabamos la facultad y han decidido celebrarlo, nada más. Me parece una buena idea.

—Últimamente prefieres estar más tiempo con otra gente que conmigo.

—Val, eso no es cierto… No empieces otra vez.

—Es que no entiendo por qué tienes que ir a una cena con gente que llevas cinco años sin ver.

—Hace tres años que no les veo, no cinco.

—¿Qué quieres decir, Marcos? ¿Que desde que estás conmigo no les ves? ¡Encima tendré yo la culpa!

—Cariño, no he querido decir eso, no malinterpretes las cosas…

—Los viernes siempre salimos a cenar fuera, tú y yo solos, ¿acaso no te acuerdas? Está claro que prefieres, salir con ellos antes que conmigo.

—¡Valeria, joder, es solo una noche! ¡Estoy todos los días de la semana contigo! Que me vaya una noche a cenar con gente a la que me gustaría volver a ver y saber de ellos, no quiere decir que ya no quiera salir contigo.

—Muy poco lo demuestras cancelando nuestra cena de los viernes —le reprochó Valeria con rotundidad.

Marcos intentó relajarse para no escupir todo lo que pensaba, sabía que más tarde podía arrepentirse, pero una voz interna le decía que no tenía porqué aguantar esa losa. Ella no podía prohibirle qué hacer ni qué decir en todo momento, él no quería ese tipo de relación. Se estaba dando cuenta de lo mucho que aguantaba por amor y lo poco que pensaba en él. Lo que tenía con Valeria no era una relación sana.

—Voy a ir —contestó él tajante.

—¿En serio? Alucino, Marcos. —Se levantó del sofá y empezó a dar vueltas por el salón, nerviosa—. Y, cómo no, irá tu ex, ¿no?

—¡Joder, Valeria! ¿No te das cuenta de que me tienes abducido? Te dedico todas las horas de mi vida, perdemos el tiempo viendo películas que detesto y apenas somos capaces de mantener una conversación que no sea sobre lo mucho que te putean en el trabajo. La maldita rutina, nunca hacemos nada nuevo: te da miedo subir en bici, las alturas, la escalada y…joder, ¡te da miedo absolutamente todo! —También se levantó del sofá y se puso delante de ella, para que lo escuchara con atención. La miró a los ojos y vio cómo se le llenaban de lágrimas, partiéndole el corazón en pedacitos muy pequeños—. Y ya no hablemos del sexo… Hay más posturas aparte del misionero, Valeria.

—¿A qué viene todo esto? ¿Acaso ya no me quieres? —dijo entre lágrimas.

—Te amo con toda mi alma, Val, pero me estás asfixiando. Tú sola me estás quitando el aire que me permite vivir para amarte. —Se acercó a ella y la rodeó entre sus brazos—. Te he dado la posibilidad de que te integraras entre mis amigos, y no quisiste. Me obligaste a elegir entre ellos y tú, y te escogí a ti. Porque te quiero más que a nada en el mundo, pero siempre quieres más, y más… Y ya no veo más allá, pequeña. Me tienes totalmente anulado y sin rumbo, no puedo continuar así.

—¡¿Me estás dejando?! —vociferó llena de pánico.

—¿Te he dicho que te amo con locura y que te escogí a ti antes que nadie y lo primero que piensas es en que te voy a dejar? Yo no me merezco esto, joder… —Deshizo su abrazo y se apartó de ella.

Marcos ya había tomado una decisión y no había marcha atrás.

El amor es un acto libre donde debe existir confianza, respeto y cariño. Nadie tiene el poder de prohibirle algo a alguien, ni tampoco de tomar decisiones por él.

Se supone que cuando amas a alguien, también amas su forma de ser con sus valores y defectos. A veces tenemos que echar de menos a quien queremos para valorar lo que tenemos cada día.

Continuará…

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