Lovers in Japan ♥

Pronto hará un año que visité Japón. Un país maravilloso.

(Mi propia BSO, :D)
Siempre he estado enamorada de la cultura Japonesa, pero verla de cerca y permanecer durante quince días en la tierra del sol naciente, solo hizo enamorarme aún más.
Gaba y yo nos casamos hace un año y era algo que teníamos claro desde que nos conocimos. Si nos casábamos algún día –  y digo eso porque no soy muy fan de las bodas – queríamos pasar el viaje en Japón. Y lo hicimos realidad.

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También visitamos el Templo Shôkoku-Ji. Uno de los templos budistas más importantes de Kioto, donde en una de sus salas se encuentra una gran pintura de un dragón en el techo.

El Santuario Kitano-Tenmangu también es un lugar donde recomiendo darse un paseo por la tarde y relajarse. Es curioso ver como los ciudadanos visitan el santuario para dar sus plegarias.
También aprovechamos que Osaka estaba cerca de Kioto para pasarnos por allí y visitar su gran Castillo. Además destacar su gastronomía – haré una mención más adelante -. Comimos muy bien en cualquier parte de Japón, pero en Osaka es donde más disfrutamos.
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Desde la antigua capital de Japón nos desplazamos en Shinkansen – tren bala – a diferentes ciudades que queríamos visitar. Era más fácil madrugar y coger el tren, que mover todas las maletas y hacer noche en los sitios que queríamos visitar.

 

Miyajima, una isla ubicada a 50km de Hiroshima. Unos amigos nos aconsejaron que fuéramos a visitarla y me alegro de que lo hicieran. El santuario de Itsukushima es uno de los patrimonios de la Humanidad por la Unesco, y no es para menos. Ver aquella gran puerta construida en el agua es impresionante. Además, la naturaleza que te envuelve en todo momento es embriagadora. Quedamos impresionados.

Finalizamos nuestra estancia en Kioto, maletas en mano, hacia Nara. Una de las ciudades más tradicionales del sol naciente. Allí visitamos el parque y nos hospedamos en un “Ryokan” – hotel tradicional -. Donde pudimos disfrutar de un mini “Onsen” privado y dormir en futón. También pudimos disfrutar de un increíble desayuno
Desde Nara fuimos directamente a Tokio. Lo tengo que decir claramente. FLIPAMOS. Antes de llegar allí ves fotos, la gente que lo ha visitado te advierte de lo que te vas a encontrar y te mentalizas. Pero… FLIPAMOS. Nos volvimos locos. Recreativas enormes, gundams, comida, edificios enormes, culturas urbanas mezcladas masivamente, “Neko-Bar”, parques naturales fusionados con rascacielos. Brutal… Creo que en tres días en Akihabara llenamos las dos maletas.
En Akihabara visitamos las recreativas, vimos infinitas tiendas de electrónica, un sex-shop de ocho plantas… xD. En una recreativa de sega Gaba se volvió loco, tenía una planta dedicada única y exclusivamente a los Gundams y todas las máquinas estaban conectadas entre si. Luego fuimos a Mr.Potato, una recreativa de varias plantas de juegos retro. Ahí perdí a mi marido totalmente.
También fuimos al Gundam café. Gaba se tomó un café con la cara de esos típicos robots – que a ver si acaba de montar uno que se le está resistiendo, por cierto – y yo un granizado de fresa. Pero lo mejor era el lavabo. Si, lo sé, parece que he perdido la cabeza. En el baño había un botón que simulaba el rearme de un Gundam. El susto que me pegué no fue pequeño.
Pero no solo fuimos a Akihabara. Visitamos Shibuya y nos hicimos la mítica foto con Hachiko y cruzamos su famoso paso de cebra. En Takeshita-Dori pudimos contemplar las diferentes tiendas que hay de la cultura idol, pop y gothic lolita. En Harajuku, Gaba y yo nos volvimos locos en una tienda de muñequitos y accesorios – Kiddy Land -. 😀
Y las dos cosas que más me han marcado de este viaje son su gastronomía y el Museo Ghibli.
Comimos como reyes. La gastronomía Japonesa siempre nos ha gustado, y era uno de los motivos por los cuáles quería visitar ese país. Solo diré una cosa, me volví adicta al Katsudon, Aunque, soy adicta a estos manjares… a quién quiero engañar. 😉
Por último, y para mí el más emocionante, el Museo Ghibli. Emoción en estado puro. En nuestro caso, nos encanta el cine de animación. Admiramos a Takahata – La tumba de las luciérnagas, Recuerdos del ayer – y a Miyazaki – Mi vecino totoro, Porco Rosso, La Princesa Mononoke, el viaje de Chihiro, el viento se levanta… – y el hijo de Hayao, por supuesto – Cuentos de terramar -. No olvidaré nunca aquél día y la sensación de ternura que me transmitió aquel recinto. Espectacular.
Y hasta aquí mi experiencia. Recomiendo la visita a este maravilloso país. Su gente, su orden y su amor por la naturaleza. Su filosofía del trabajo y el respeto entre ciudadanos.
Si algo tengo claro, es que me muero por volver. ^^

 

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2 comments

  1. Por mucho que pueda decir del viaje y sus mil y una maravillas, no me acercaría ni de lejos a lo que vivimos. Es ver fotos y llorar de alegría por haber vivido esa experiencia junto a la mujer de mi vida. Ya volveremos, queda mucho por ver de esa gran cultura.

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